¿Alguna vez te has preguntado cómo se produjeron los grandes descubrimientos de la humanidad? Años, siglos e incluso milenios de investigaciones han dado lugar a los grandes avances que conocemos hoy en día, pero no siempre han sido hallazgos triviales o fáciles. Es el caso de la velocidad de la luz… ¿qué ocurrencias pudieron desarrollarse para dar con el valor de la única constante conocida en el Universo?

Desde la antigüedad, los sabios han discrepado acerca de la finitud o infinitud de la velocidad de la luz. Ya los griegos formularon teorías al respecto y a principios del siglo XVII muchos científicos pensaban que la luz podía viajar cualquier distancia de forma instantánea. Galileo Galilei, gran investigador de aquella época, no estaba de acuerdo, por lo que diseñó un experimento. Junto con un ayudante situado a gran distancia, ambos utilizando una linterna, hizo una prueba que consistía en descubrir y ocultar luces. El ensayo, no obstante, resultó fallido y tan solo le llevó a la conclusión de que, si la luz no se desplazaba a velocidad infinita, su velocidad debía ser tremendamente alta.

No fue hasta 1676 cuando Ole Roemer realizó la primera estimación cuantitativa de la velocidad de la luz. Fue la observación detallada del movimiento del satélite de Júpiter Ío lo que le permitió descubrir este fenómeno. Roemer propuso que la luz tardaría 11 minutos en llegar a la Tierra desde el Sol. Posteriormente, el estudioso de la luz Christiaan Huygens combinó este resultado con el valor de entonces de la distancia de la Tierra al Sol y obtuvo un valor de 214.000 kilómetros por segundo, un resultado aceptable dada la poca precisión con la que se podía medir en aquel momento.

El físico francés Hippolyte Fizeau efectuó la primera determinación de la velocidad de la luz en la Tierra sin recurrir a fenómenos astronómicos. En su experimento envió un haz de luz a un espejo situado lo suficientemente lejos… ¡a más de 8.000 metros de distancia! El espejo devolvía la luz al científico, que había colocado en el recorrido una rueda dentada giratoria de modo que la luz quedase interrumpida por los dientes. De esta manera, Fizeau pudo determinar el tiempo que tardaba la luz en ir y volver desde la rueda dentada hasta el espejo y medir así su velocidad: 315.000 kilómetros por segundo.

Tanto Newton como Einstein y demás científicos a lo largo de la historia han mirado con inquietud la luz y sus características. En nuestros días, aunque ya se tiene mucha información sobre ella, se siguen reproduciendo experimentos antiguos y modernos para ver con claridad este objeto de estudio. Actualmente, el valor de la velocidad de la luz en el vacío ha sido incluido como constante universal en el Sistema Internacional de Unidades con el valor de 299.792,458 km/s, pasando además a ser el metro una unidad derivada de ella.

Por Marta Seror. BLOG@MHE