Las fake news o noticias falsas son un tema de actualidad que representa uno de los males más latentes de nuestra sociedad.

Estos ‘nuevos’ formatos de información parecen noticias, es más, suelen aparecer en medios (sobre todo, internet) cuyo fin es elaborar contenidos informativos. ¿Cómo discernir entre una noticia real y una falsa? ¿Están nuestros estudiantes preparados? ¿Cómo saber distinguir el buen periodismo de los rumores o falsedades?

Influencia, análisis de prensa y medios de comunicación son las palabras clave. Es importante, en nuestros días, adquirir una alfabetización mediática que nos enseñe a gestionar la información y proporcione los medios para saber cómo funcionan los recursos informativos, qué intereses hay tras ellos o cómo se decodifican los mensajes periodísticos. Estos son algunos de los grandes retos de la escuela en el siglo XXI.

ANTE LA IMPASIVIDAD DE LOS MEDIOS MISMOS QUE PRODUCEN LAS FAKE NEWS HAY QUE CREAR ESCUDOS PARA CONTRASTAR Y CUESTIONAR LA INFORMACIÓN.

Hay que enseñar al alumnado a procesar la gran cantidad de datos a la que se enfrentan a diario y este hecho implica un cambio en la función que se le ha atribuido tradicionalmente a los centros educativos: además de transmitir la información, ahora deben mostrar cómo gestionarla.

En algunos centros se está promoviendo el incluir este tipo de formación como materia obligatoria en secundaria, en otros, el alumnado presenta en clase, tanto al docente como al resto de compañeros, noticias de la prensa y que comentan conjuntamente para ver si es coherente o razonable. Otras recomendaciones son leer el contenido completo, ir más allá del titular de la noticia, o prestar atención a aspectos clave como la autoría y las fuentes de la información.

Hacer ‘click’ en “compartir” es sencillo y tentador. Necesitamos recursos y herramientas que les ofrezcan a los más jóvenes la capacidad de detectar por sí mismos posibles contenidos falsos o de poca calidad. Tener una ciudadanía crítica, generaciones futuras más preparadas y más libres que sean capaces de filtrar la información que reciben, depende en gran medida de la labor que realicen los profesores en las aulas. ¿Podrá la escuela jugar este papel decisivo?

Por Marta Seror Blog@MHE